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Mi obra presenta una mesa redonda de plástico convertida en un altar improvisado.
Fotografías, velas encendidas y algunos cubiertos dispersos revelan que antes de ser un
espacio de memoria, fue una mesa de cena. Las sillas, caídas o torcidas, sugieren una
partida repentina: la familia que alguna vez compartió ese lugar ya no está ya sea por que
algunos han fallecido o por disputas. El entorno permanece oscurecido, de modo que solo el
centro iluminado por las velas y una luz superior casi divina concentra la mirada del
espectador, reforzando un aire renacentista en la composición.
La obra se relaciona con el tema “No le pares bola” al mostrar cómo, a veces, las ausencias
son asumidas como parte natural del día a día: se aprende a convivir con el vacío sin
enfrentarlo directamente. La familia se ha ido, pero su recuerdo queda suspendido en un
altar
silencioso. La escena expresa esa actitud de ignorar lo que duele, aunque siga alumbrando
desde la memoria.
