💰 Precio Referencial
*No disponible para compra en línea
En la obra, me represento a mí como un Chihuahua por qué en mi entorno algunas personas me
señalan que comparto algunas características con el can. se lo asocia comunmente con un
temperamento ruidoso, hiperactivo y dominante; sin embargo, él se encuentra en un estado de
serenidad inquebrantable por otro lado, tenemos a una persona descargando una oleada de
frustración a los gritos. Esta quietud del perro no es pasividad, sino una elección consciente. El
animal que «ladra por todo» invierte los roles, respondiendo con una sonrisa y convietiendose
en el maestro de la paz, enseñándonos la virtud de la indiferencia. Esta alegoría suguiere que la
verdadera madurez emocional reside en la capacidad de ser sordo al ruido del drama ajeno.
